Despedirse siempre será el arte más difícil en este lugar. Sólo quienes ejercitan el perdón cual pincel o guitarra fuera, logran aquellas obras esculturales de alcanzar la mirada sincera. Cualquier actividad humana después del perdón mereciera ser llamada simple metodología. El perdón es improvisación y también disciplina.
Un año dedicado al miedo a la despedida nos recuerda lo hermoso que ha sido encontrar en la vida. La sensación de haber llegado sin buscar algo o algún lugar. Un año que nos hizo dudar, nos debe recordar lo que nos hizo sentir con inseguridad, lo que nos hizo desesperar la cabeza hasta ya no aguantar. Un año que nos quiso doblegar, nos debe recordar que un día nos podremos levantar.
Se nos va otro año, los pasillos siguen en su lugar. Algunas personas ya no están. Algunas voces y algunos colores ya no se ven igual. Los matices de este sitio han cambiado conforme han pasado los días. No se vive lo mismo, pero si se recuerda. No se pretende el pasado, pero se añora.
Los pasillos no se caminan igual, hay cierta desconfianza al transitar. Quizá sea de uno, quizá sea el propio deambular. Las razones no se encuentran, las preguntas no tienen cabida. Los precios fluctuantes hacen fruncir las cejas, los estrenos y los entierros son la moda por acá.
Deberemos vivir con eso y con aquello otro. Con ese frío al caminar los pasillos vacíos de voces y llenos de noche, cuando ya se guardó todo y el mercado se va a terminar. Deberemos aprehender a vivir conscientes que la venta puede terminar antes que anochezca o ni sabemos si el día de mañana vamos a poder armar. Que nunca nada debe ser igual. Que aunque se regrese al mismo lugar todo va evolucionar. Y eso es bueno.
Ese es el misterio de encontrar, tener la misma ilusión de ir al mismo lugar y verlo transformar. El mercado cambia sus colores, cambió sus matices. Depende del clima ponen merengue, zarabanda, disco o jazz. Depende de las fechas se ríe, se llora o se platica de más.
Así es el hogar, hay quienes vienen un tiempo, luego se van. Hay quienes desde que se fundó el mercado, están. Hasta ahora sólo los recuerdos y las enseñanzas son eternas. Se recuerda, esas sonrisas. Se aprende, de 'aquellas' vivencias.
Así es este lugar, lleno de encuentros. Se reconocen acentos, productos y remedios. Cada quién trae algo de tierra natal. Aquí se comparte la risa los martes, el periódico el miércoles y el sencillo los viernes. Si llueve, se pasa el nylon. Si hay sol, circula la granizada.
Habrán tardes que no podremos olvidar, canciones que siempre nos harán llorar, fechas que nos harán temblar y sobre todo encuentros que celebrar. Es época de frío y mucho movimiento por acá. Los aromas, sonidos y colores en los productos indican que ya viene una festividad. En enero, todo otra vez se transformará. Pero, hoy veintidós de diciembre, al comprar el pan, me preguntaron justamente: ¿Dónde va pasar navidad?
Merry Christmas Chimaltenango



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